El pasado 24, 25 y 26 de octubre tuvo lugar la Fiesta del Cine (que por cierto, este año ha batido récord de participación con 2.6 millones de espectadores). Frente a ella y a causa de una cartelera que no terminaba de convencerme, opté por el cine de animación y cuál fue mi sorpresa cuando encontré mucho más de lo que esperaba: una propuesta en torno a largometrajes animados con valores, con mensaje. Estas producciones en apariencia infantiles esconden tras de sí un poderoso (y quizás demasiado crudo en el caso de Ozzy) trasfondo social.

El cine de animación está cambiando y eso es un hecho (especialmente desde que Frozen y Maléfica cambiaran el concepto de príncipe Disney). Así mismo, Ozzy y Cigueñas, son dos claros ejemplos de esto:

Cigueñas

En Montaña Cigüeña, viven las cigüeñas que hace tiempo enviaban bebés a los padres de todo el mundo. Ahora distribuyen los paquetes de una compañía mundial de Internet. Junior, la mejor cigüeña repartidora de la compañía, está a punto de conseguir un ascenso, pero accidentalmente activa la Máquina de Producción de Bebés y el resultado es una adorable niña ilegal. Para evitar que su jefe se entere, Junior y su amiga Tulip, el único ser humano de Montaña Cigüeña, se apresuran a entregar el bebé en un viaje salvaje que podría afectar a la integridad de más de una familia y restablecer la verdadera misión de las cigüeñas en el mundo. Fuente: FILMAFFINITY.

Cigüeñas es un film de una belleza estética extremadamente bien cuidada y una historia que sin duda se hará con los más pequeños de la casa, pero sobre todo, es una película con un claro mensaje integrador que para los padres no pasará desapercibido. En Montaña Cigüeña se fabrican niños de todos los géneros y razas. Pero además de esto, estos niños son adoptados por familias de todo tipo: más allá de la familia tradicional (compuesta por la madre, el padre, el hermano y la hermana), encontramos familias monoparentales o compuestas por dos padres del mismo sexo.

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Vía: http://www.noescinetodoloquereluce.com/2016/09/arturo-valls-damian-molla-y-juan-ibanez.html

Ozzy

La idílica vida de Ozzy, un simpático y pacífico beagle que se ha criado entre algodones junto a la familia Martin, va a dar un vuelco. Cuando su familia no puede llevarle a un largo viaje lejos de su hogar, le depositan en lo que creen que es el mejor balneario canino, Blue Creek. Pero Ozzy irá pronto a parar al verdadero Blue Creek, una cárcel para perros, habitada en su mayoría por duros chuchos callejeros y donde prevalece la ley del más fuerte. Allí dentro Ozzy tendrá que esquivar el peligro, encontrar fuerzas donde no creía tenerlas y aprender a apoyarse en Chester, Fronky y Doc, los nuevos amigos que le acompañarán en esta aventura para intentar regresar sano y salvo. Fuente: FILMAFFINITY.

Del otro lado tenemos Ozzy, un film de bastante menos calidad que el anterior, que nos da una sensación de animación inacabada y que abusa de manera casi descarada del product placement. A pesar de esto (y de que en algunos momentos parece más un mensaje institucional del Ministerio que una película de aventuras para niños), Ozzy manda un mensaje poderoso: los animales también sufren, sufren abandono y sufren tratos vejatorios. Es especialmente emocionante un momento en torno al final de la película (ATENCIÓN, SPOILER) en que Ozzy lanza los collares a sus compañeros desde una ventana haciéndoles recordar que no son solo números, que tienen un nombre y una familia que no ha podido olvidarse de ellos.

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Vía: http://reelsofcinema.com/trailer-ozzy/

Larga vida a esta nueva corriente en cine de animación.

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