Tras la gran cabida que ha tenido Un monstruo viene a verme, la historia de Patrick Ness, su laureado libro ya ha pasado por las salas de los cines convirtiéndose en la última gran película dirigida por J. A. Bayona.

Conservando su peculiar y extravagante título, Un monstruo viene a verme se ha posicionado, apenas una semana después de su estreno, como la segunda película más taquillera del año detrás de Mascotas, superando a otras producciones de gran expectación como Inferno o  La chica del tren.

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Pero el éxito de esta película no se queda solo en la recaudación o visionados que haya ocasionado, sino que ha supuesto todo un trampolín de oportunidades y puertas abiertas para su jovencísimo actor Lewis MacDougall, el cual interpreta al pequeño Conor en esta historia. Anteriormente solo había participado en la película Pan, viaje a nunca jamás, donde realizó un papel secundario. No obstante, y a pesar de su escasa y muy breve carrera en el mundo del cine, Bayona no dudó a la hora de escogerle, atraído por su evidente capacidad de transmitir sin palabras, solo con gestos y actitudes de este pequeño actor que va camino de convertirse en todo un gigante de la interpretación en la gran pantalla.

Pero a pesar del éxito que, al igual que el libro, ha tenido esta película, de su gran emotividad y exorbitada recaudación… ¿ha sido la película fiel al libro o se ha desvirtuado de la historia original?

Todos sabíamos que adaptar este libro no iba a ser nada fácil y el resultado tenía grandes papeletas de ser diferente, de acabar no viendo la realidad, crudeza y profundidad con la que se relata, en el libro, las emociones de sus personajes y, sobre todo, el difícil proceso de maduración personal de Conor.

Sin embargo, la respuesta a la pregunta no podía ser otra que un gigantesco y sincero SÍ. La película ha sido tan fiel a la obra de Ness que casi parecía que pasábamos de una secuencia a otra como quien pasa las páginas del libro.

El viaje interior de Conor se ha retratado con una emotividad casi imposible de creer para una película, pues entender el mundo de Conor era un proceso lento, amainado y, sobre todo, muy personal, de tal modo que eso que lograba el libro a lo largo de sus 200 páginas, lo ha conseguido esta vez el cine en apenas una hora y 40 minutos. La sinceridad con la que se trataban lo sentimientos y dolencias profundas de cada personaje en el libro han sido magistralmente retratadas en la película.

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Pero no solo en el ámbito metafórico y emocional la película ha logrado acercarse tanto al libro que no hablamos de primos lejanos, sino de una adaptación que merece ser considerada hermana gemela de la obra escrita. En cuanto a los personajes, sus relaciones y comportamientos, también son la viva imagen del libro.

La madre, la abuela, Conor, los chicos abusadores del instituto e incluso el propio monstruo, son un vivo reflejo demasiado fiel del libro, tanto, que llega un punto en el que podríamos bromear diciendo que no sabemos si lo que estamos viendo es la película o leyendo el libro.

No obstante, sí hay que resaltar un cambio entre la obra cinematográfica y el libro, y es la clara ausencia de uno de los personajes secundarios, ciertamente importante para el transcurso de Conor en la escuela, tratándose de su mejor amiga, Lily.

En definitiva, dos obras hermanadas se han cogido de la mano y han llegado este año, suponiendo para muchos todo un fenómeno social repentino que ha venido para quedarse durante mucho, mucho tiempo.

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