Un hombre en una habitación sellada con su amante muerta. Nadie pudo entrar ni salir. 3 horas para preparar su defensa. Comienza la carrera contratiempo.

Oriol Paulo presenta las mismas claves que El Cuerpo (2012) en este prometedor nuevo thriller de misterio. Una vez más con un reparto de altura y apoyado por la gran Warner, llega la película Contratiempo dispuesta a hacer salir al público de la sala muy diferente a como entró. Y para ello, nada mejor que una buena carrera contra el tiempo y la mentira a favor de la verdad y la justicia. O al menos, eso parece.

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Mario Casas rebuscando en sus recuerdos la verdad. Foto: Sensacine

Esta carrera es de fondo, de las que comienzan con un fuerte tirón, cogen ritmo constante con subidas y bajadas para equilibrar el ritmo y pega un buen sprint final para darlo todo y más. Pero como dice el personaje de Ana Wagener, vayamos al principio. Los que ya vieron El Cuerpo vienen sobre previo aviso del pulso narrativo del director y guionista, tanto con la cámara como con la pluma (metafóricamente). Se nota que escribe lo que va a dirigir, y que dirige pensando en lo que ha escrito. La película se desarrolla de forma fragmentada, a partir de una conversación entre los personajes de Wagener y Mario Casas, abogada y cliente. A partir de ese momento “presente”, mediante constantes flashbacks, saltos temporales, revisualizaciones de hechos con ligeras modificaciones, la película engancha con un ritmo constante y variado sin llegar a hacerse lioso (no es Memento). Aquí el montaje es una pieza clave, sabiendo ser lento y detallista cuando debe e imprimir un ritmo frenético cuando procede.

En este montaje está una de las grandes claves de la película: los detalles. Pequeños objetos que tienen mucho que decir (guión) y planos detalle (dirección) van dejando las piezas que el espectador debe recoger para construir este puzle fragmentado. Pero cuidado, que esas pistas no están ahí para ser recogidas, sino analizadas: las vueltas de

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José Coronado tratando de averiguar la verdad. Foto: Sensacine

tuerca y la contradicción de puntos de vista en los testimonios serán el principal contratiempo con el que el espectador más avispado deberá lidiar. Y es que no hay que confundirse: no sabemos más que los personajes, no estamos dentro de sus mentes. Tú y yo somos el tercer inquilino del piso que asiste a un duelo dialéctico de altura, donde Wagener y Casas sacan a relucir todas sus armas actorales de sarcasmo, contención, ego, paranoia y mentira.

En este peligroso tablero también entran en juego las personalidades: no hay blancos y negros, sino grises. ¿Quién es el malo? ¿Quién es el bueno? Eso es algo que queda a la conciencia del espectador que quiera planteárselo, pero aquí no se va a seguir la cómoda línea de acompañar al bueno en la búsqueda del malo. Conoceremos las verdades de cada personaje, sus motivaciones, sus secretos más ocultos, sus personalidades. Pero una vez más, esto no ocurrirá de manera lineal.

Si hubiera que poner alguna pega, sería una ciertamente excesiva caída de ritmo en parte del tramo central, enfocándose demasiado en los hechos pasados. Sin embargo, en seguida se las arregla para salir del bache y volver a coger ritmo. Lo mismo hace con las típicas resoluciones facilonas que pasarán por la mente del espectador: esto ya lo he visto antes, esto es muy evidente, seguro que es esto… Sí, se nota el parecido con El Cuerpo, pero parece más bien intencionado, como si el director hubiera querido coger las claves de su primer éxito (José Coronado como secundario clave, el ritmo del reloj, un protagonista en la cuerda floja, y algunas más que se descubren a lo largo del desarrollo) y reformularlas. Así, Oriol Paulo da forma a un magnífico thriller de misterio, de verdades y mentiras, con el mayor ritmo posible a un duelo de palabras, miedos y justicia. Dos de dos. Esperamos con ansia ya el tercer éxito del director y guionista.

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El joven y talentoso director y guionista Oriol Paulo. Foto: El Diario
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