El maestro Hayao Miyazaki, conocido por ser el genio de la animación japonesa, vuelve tras caer rendido ante el corto “Father and daughter” de Mihael Dudok.

“La tortuga roja” ha sido producida por la compañía japonesa pero dirigida por un holandés. El estudio Ghibli le envió un email ofreciéndole la posibilidad de hacer una coproducción con ellos. Tras aceptar, a Michael le dieron absoluta libertad para producirla.

Este largometraje de animación va a ser la estrella de esta temporada. Su trama gira en torno a una historia de amor entre un náufrago que se encuentra en una isla desierta y el espíritu que emana de una enorme tortuga roja. Es fascinante la pasión de la naturaleza del mundo Ghibli. A lo largo del film, ocurren cosas impactantes en la isla y sus ritmos resultan ser acogedores.

Tiene un alto contenido metafórico sobre el ciclo de la vida y la necesidad de la aceptación. Dudock no ha caído en la tentación de proporcionar significados literales, sino que deja que cada espectador se quede con su propia interpretación.

La idea original surgió de la impresión que le causó al director Robinson Crusoe. La película parece que es cien por cien realista hasta que surge la mutación y el espectador se adentra en otros terrenos. ¿Es un sueño? ¿Ocurre de verdad?.

En sí la película no tiene un mensaje sino que es un viaje a través de las emociones. Esta parte es la que hace que parezca más cercana al mundo japonés que al Europeo. Es verdad que existen grandes diferencias culturales, pero en Europa también se han tocado temas mas mitológicos.

Los espectadores tienen que dejarse llevar por la corriente y disfrutar de la poesía animada de esta tortuga, que puede ser que exista en la vida real. He ahí  la gran cuestión del film.

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