Ya hemos visto el nuevo hit de Netflix protagonizado por Drew Barrymore y Timothy Olyphant. Te contamos todas las claves de la próxima serie que vas a devorar.

Marquesinas por la ciudad, pop-ups en los principales portales web de cine, visita del reparto a España, cócteles muy especiales con la prensa… Todo es poco para anunciar el desembarco de una de las primeras fuertes apuestas seriéfilas del año. Al ser una plataforma bajo demanda, Netflix tiene la libertad de crear series de todo tipo de formato, atreviéndose con historias rompedoras (The OA) o adaptando películas (como la peculiar serie de catastróficas desdichas de Lemony Snicket). En este caso, Santa Clarita Diet se atreve a presentar una sit-com en un tranquilo barrio estadounidense con zombies muy humanos y vísceras y sangre por doquier. Estos son los ingredientes del nuevo plato fuerte de Netflix.

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¿Preparado para devorar una nueva serie? Foto: ComingSoon

Antes de degustar el sabor del contenido, lo primero que debe atraer es la estructura del menú. La serie se degusta en 10 capítulos de algo menos de media hora cada uno, y esa es precisamente una pieza clave en su funcionamiento: su fluidez. Los capítulos no duran mucho, se devoran rapidísimo, ya que dentro de cada uno los diálogos y la acción se suceden frenéticamente, sin parar. Siempre hay algo ocurriendo, avanzando, hablando o devorando. Más ampliamente, el marco general de la serie es el terreno de la sit-com. Hay personajes muy marcados y excéntricos, en escenarios muy típicos, donde se juega con esa imposible normalidad dentro del ambiente más pacífico y cotidiano posible. Los personajes constantemente luchan con este huracán de excentricidades tratando de alcanzar la mayor normalidad posible. Y claro, la cocción final resulta ser el plato más excéntrico posible.

El triunfo de esta fórmula tiene dos ingredientes claves, con nombres y apellidos: Drew Barrymore y Timothy Olyphant. El personaje de ella es el centro de la trama y se come a todos sus compañeros de reparto y minutos en pantalla. El cambio en su personalidad

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Los dos grandes logros de la serie. Foto: HobbyConsolas

es el eje de la serie, y ella lo representa en el extremo pero siempre dentro de la verosimilitud que se pacta con la serie. Además, conforme avanza la serie, en lugar de regodearse fácilmente en la comedia, el debate interno de su personaje va cobrando relevancia, y ella lo va haciendo cada vez más visible. Por su parte, Timothy Olyphant vive cada segundo en pantalla en el más absoluto extremo. Desde luego, hay que alabarle por la capacidad de mantener constantemente ese tono y esas expresiones, más aún habiendo demostrado lo serio que puede llegar a ser, como en Soy El Número Cuatro (D.J. Caruso, 2011). El resto de personajes están también llevados al extremo, para exprimirlos en cada segundo que aparezcan en cada efímero capítulo; cortos pero intensos.

Seamos sinceros: no vamos a buscar en esta serie una trama que revolucione el género zombie o cómico, aunque sí que mezcle ambos de una manera muy deliciosa. Así, lo más importante de la serie es cómo se desarrollan los hechos, cómo van a ser capaces de superar cada bache, y cómo al final nada sale según lo previsto. Los avances son la mera excusa para seguir disfrutando de lo que ves. Sin embargo, al final eso puede jugar un poco en su contra, ya que realmente no sabes cómo la pueden cortar. Y parece ser que los creadores tampoco sabían, ya que el desenlace resulta ser como el resto de capítulos, uno más, sin nada que destacar o enganchar en especial para la próxima temporada. Al no concluir o plantear nada especial, el final sabe a poco. Pero como se suele decir, que me quiten lo bailao. En este caso, lo comio. Aunque el postre no sea el dulce más sabroso, acabaras la dieta con unos cuantos kilos de estrés de menos y unos cuantos de diversión de más.

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