Hoy os traigo la crónica del concierto de Chenoa en el Teatro Nuevo Apolo en Madrid. Y ya adelanto algo: Laura está en su mejor momento musical y eso es algo que nadie puede negar.

En mi caso, venía desde Granada (mis amigos me regalaron dos entradas para verla por mi cumpleaños), pero según la misma Chenoa comentó, el público estaba conformado por gente de los más remotos lugares (incluso fuera de España) a los que agradeció su presencia esa noche.

La velada comenzó unos minutos más tarde de las 20:30 con Soy humana y el principio del fervor colectivo que la cantante desató durante toda la noche y ante la cual, gente como mi tía (que me acompañaba pero no la seguía de cerca), se quedó boquiabierta.

Y esto es así, para qué negarlo, los chenoístas son un público pasional, entregado y diverso como el que más. Grandes y pequeños coreaban las letras de todas sus canciones (no ya de los singles) y clamaban emocionados ante las notas altas o largas.

Chenoa cautiva a su público madrileño en un multitudinario concierto en el Teatro Nuevo Apolo

La argentina, como no podía ser de otra manera, respondía a esto agradecida, pidiendo luz para ver las caras de un público que, desde la primera a la última fila, habían acudido allí a entregar todo de sí. Muchos de ellos, incluso en cuanto a vestuario se referería, luciendo el impecable uniforme de “yo en chándal no salgo más”.

Si seguimos hablando de los chenoístas (y con esto doy por finalizada esta parte), me emocionó especialmente el grito de un espectador que confesaba a la artista: “gracias por cumplir mi sueño”. A mí aquello, que soy de las fans que llevan ahí desde Operación Ttriunfo (a pesar de que no tenía más de 5 años), me llevó automáticamente a aquel momento donde muchos cumplimos sueños a través de ella.

Musicalmente, estuvo soberbia. Como ya nos tiene acostumbrados, cantó con una técnica espectacular y minuciosa incluso en los temas que ella misma confesaba “castigados” porque en ellos le costaba compaginarla con la emoción. Ejemplo de ello fue Duele o Arrested (que cantó en su versión original). Para mí, dos de los momentazos de la noche.

Pero no solamente de momentos íntimos estuvo cargado el concierto, sino sobre todo, de una energía derrochadora como demostró con Atrévete (otra canción con la que el público se levantó de sus asientos).

Reina de la espontaneidad y la naturalidad, cambió varias veces a lo largo de la noche el repertorio que tenía previsto interpretar (volviendo a los músicos, eso sí, un poco locos) y saludó en diversas ocasiones a los amigos que habían ido a verla (incluida Anne Igartiburu, para sorpresa de muchos).

Y hasta aquí la crónica de un concierto que cerró con Cuando tu vas y que nos hizo a todos volver a casa con esa sensación de ser humanos y con la certeza de que esto no es nada reñido con la disciplina o el carácter que muchos confunden, juzgando demasiado rápido a la que para mí es una de las artistas más preparadas y vocacionales con que cuenta este país.

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