Hoy es 14 de abril. Tal día como hoy hace 86 años, se proclamaba la II República, un régimen político democrático que puso el alza en nuestro país cuestiones tan importantes como la educación o el feminismo.

Además de esto, fue un periodo abierto a las ideas, y a las personas que las portaban. Y de esto precisamente trata La maestra republicana, un libro de Elena Moya del que hoy os traigo la reseña (SIN SPOILERS).

La maestra republicana es la segunda novela de Elena Moya.  Se publicó en 2015 y a día de hoy, se ha convertido en best seller (al igual que los otros dos libros de la autora: Los olivos de Belchite y La candidata).

“La lucha de una mujer por cambiar la sociedad” es el subtitulo que podemos leer en su portada. Y efectivamente, de esto trata. La protagonista es Valli, una anciana que tiempo atrás fue maestra durante la República y cuya antigua escuela ahora, en plena burbuja inmobiliaria, el alcalde del pueblo quiere convertir en un Casino.

Valli hará todo cuanto esté en su mano para tratar de impedir esto, porque por mucho beneficio económico que pudiese aportar, hay valores que deben prevalecer. Valores que ella aprendió en la Residencia de Señoritas durante la II República y que, contra viento y marea, trata de defender y preservar.

Y hasta aquí el resumen de la trama principal, que se ve salpicada de otras temáticas como la libertad sexual, la corrupción política, o el machismo que aunque algunos se empeñen en defender que es cosa del pasado, aún es protagonista en nuestra sociedad.

Para cerrar esta reseña, me gustaría destacar dos aspectos esenciales que han hecho que me enamore de una novela que se ha convertido a día de hoy en una de mis favoritas (si no mi favorita) entre autores contemporáneos: las referencias históricas y la ternura de los personajes femeninos.

Si sois curiosos como yo, no podréis dejar de “bichear” un poco más allá de las referencias a la escritora María Lejárraga, la filósofa María Zambrano, la periodista Josefina Carabias o la diputada Margarita Nelken, que hace la autora. Todas ellas mujeres decisivas para este periodo de España, que trataron de abrir mentes y que hoy, son recordadas por su tesón y valía.

María de Maeztu impartiendo clase en la Residencia de Señoritas – ARCHIVO INSTITUTO INTERNACIONAL, MADRID

Por otra parte, los personajes femeninos tienen una fuerza increíble y al mismo tiempo, una ternura sobrecogedora. Es imposible llegar a algunos pasajes (que no desvelaré para evitar spoilers a quien la quiera leer) sin sentir la necesidad de ponerte en la piel de los protagonistas, y amarla, por todo lo que representa y nos cuenta sobre ellas.

Y llegados a este punto, no puedo más que recomendar que os leáis esta maravilla que a mí me ha servido para reafirmarme en una de mis aficiones favoritas: enamorarme de las personas (personajes, al caso) sin miedos ni pretensiones, por el simple hecho de penetrar en todas y cada una de sus aristas.

Tampoco dejéis de curiosear sobre su autora, Elena Moya. Yo ya he leído Los olivos de Belchite, me encuentro a la mitad de La candidata ¡y estoy deseando ver un nuevo trabajo suyo a la venta!

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