La primera producción española de Netflix ya lleva un mes en el aire. Tras algunas opiniones divididas, es hora de entender por qué ese ha sido el resultado final de Las Chicas del Cable. 

Muchas eran las expectativas depositadas en este gran estreno: Netflix iba a estrenar su primera producción de una serie en España con un reparto juvenil famoso y una temática bastante llamativa por lo menos visualmente: la llegada de la compañía de Telefonía a España. El pasado 28 de abril se estrenó la primera mitad de la primera temporada en la plataforma y, a pesar de haber sido distribuida a casi 200 países, lo cierto es que en España ha provocado opiniones diversas por no haber sido la enorme producción que todos esperaban.

Así, tras un mes de su estreno, ya con la perspectiva del tiempo, es hora de responder en profundidad a la pregunta: ¿por qué este ha sido el resultado de Las Chicas del Cable? ¿Cómo ha influido el sello de Netflix en la producción? Estas son las claves detrás de la primera serie de Netflix producida en España.

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Foto: Teleprograma

Para Netflix, este es un primero paso en la táctica que ha marcado sus últimos años: crecer en la producción propia de contenido. En este caso, ellos tenían en su plataforma una serie española de época sobre amor que les ha funcionado muy bien internacionalmente: Velvet, de Bambú Producciones. Por ello, la plataforma encargó a la productora hacer un Velvet de sello Netflix, que fuera de contenido propio. Y otro pequeño paso en la expansión es la reducción del fondo de contenido: así, series españolas que atraían al gran público como Gran Hotel o Velvet (ambas de la misma productora) han dejado de estas disponibles, en pos de producciones propias como Las Chicas del Cable.

De vistas para afuera, en cuanto al negocio y la internacionalización, es una muy buena estrategia, ya que están dando a su público lo que quieren y no tiene en exceso; es decir, es como los espectadores españoles que quieren más Juego de Tronos, y siguen las producciones en esta línea de HBO como Westworld y American Gods. Sin embargo, ¿qué pasa con el país de origen de la producción? ¿No debería ser una revolución ahí también? En el caso de la primera producción española de Netflix, mucha gente se ha sentido defraudada por no haber visto como resultado una producción estrella al estilo de The Crown, encontrándose en su lugar con un melodrama de época generalista ya trillado en la televisión en abierto. Así, muchos se preguntan: ¿por qué, Netflix? Para entender este modelo de producción mixto llevado a cabo, aparte

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Los tres niveles de producción de Netflix. Foto: The Daily CAV

de recordar que esta producción se encuentra en el tercero de los niveles de la plataforma (tras las producciones más de calidad y las más comerciales), hay que prestar atención detallada a lo que hay detrás de la producción, quedando claras dos razones como ha señalado la revista GQ: Netflix quiere públicos de todos los gustos y el género de Las Chicas del Cable goza de gran éxito en América Latina.

María José Rustarazo, guionista de esta y otras series de Bambú Producciones, en su charla en la Facultad de Comunicación y Documentación de la UGR ya dio algunas pistas sobre este proceso, quedando claro que sus trabajos anteriores como guionista habían mostrado a Netflix el toque que querían en su producción, y concretamente se fijaron en su compañía, Bambú Producciones, por estar comandada por unos productores de ficción televisiva que, además del control financiero, dominaban el creativo, al ser también guionistas. Lo cierto es que, puestos a elegir en España una productora que reuniera estas características, Netflix no tenía mucho donde elegir, ya que esta simbiosis de guionista-productor sucede en menor medida, solamente quizás en las empresas de producción más independiente, como esta. Los nombres a destacar son los de Ramón Campos y Teresa Fernández-Valdés donde este primero aseguró haberse hecho productor para que no destrozasen sus guiones. Así, esa cierta figura como de showrunner en potencia fue lo que atrajo la producción a España.

La fórmula que el equipo de Bambú presentaba era la de rostros televisivos habitualmente jóvenes y ciertamente famosos (en este caso, Blanca Suárez y Maggie Civantos) además de una cuidada y apabullante producción, para revestir lo que al final es una trama más liviana pero bien presentada, con intrigas dramáticas siempre girando en torno a las relaciones de los personajes. Esto es lo que ha funcionado en España (Velvet alcanzaba sin problemas los 4 millones de espectadores, Gran Hotel y Bajo Sospecha triunfaron entre crítica y público…), e incluso fuera de ella (Netflix Latinoamérica estuvo copado por Velvet). Así, tenían claro lo que querían producir, pero Netflix aún era novato en España, y por ello optaron por la producción mixta y desembarcar en nuestro país bajo la mano de una productora experta. Esta es una de las principales razones por las que el primer y gran ansiado experimento de Netflix en España haya sido de este calibre: un thriller de época.

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Las claves formales de “Las Chicas del Cable” en comparación con las de “Velvet”. Foto: Bluper

La producción ha tenido el sello de Bambú pero ha tenido que ajustarse dentro del molde de Netflix que une profundamente producción y distribución. Así, al hacer lo primero se está pensando en lo segundo, y no es lo mismo producir un contenido para Antena 3 con posibilidades de exportación, a hacerlo directamente para una plataforma presente en 190 países. Por lo tanto, el resultado del contexto general de la serie ha sido situarla en la España de 1928, con Primo de Rivera en el poder y una profunda crisis económica, en el Madrid del Rey Alfonso XIII donde se inaugura la primera sede de la incipiente Telefónica. Una revolución del mercado de las telecomunicaciones en una España agitada. Todo ello quedará reducido al final a la amistad entre cuatro empleadas de la oficina del cable, con amoríos y secretos, dejando como único contexto de fondo la revolución por el empoderamiento femenino. Así, en realidad estamos ante un contexto atemporal. Si Velvet ya obviaba las dificultades de vivir en una dictadura, Las Chicas del Cable anula por completo cualquier vestigio de historia de España para situar la acción en un Madrid casi indeterminado. Como señala una de sus principales actrices, “no se hablará de política española sino de una historia más universal”. A Netflix le gustaba ese pasado con conflictos modernos, esa envoltura de época; sin embargo, ahora querían que los personajes hablaran en presente y para ser entendidos e identificados por todo el mundo.

Así, en general, por un lado son los estándares requeridos para vender la producción, pero por otro lado está esa crítica de haber tenido que amoldarse a esos estándares. ¿Es una serie hecha a base de una fórmula? Sí. ¿Entonces no es el nuevo hit gordo de Netflix a lo House of Cards? No, pero porque no buscaban serlo. Quién sabe si en un futuro, una vez asentada más la plataforma en España se atreven con producciones distintas, pero Las Chicas del Cable es un pequeño paso más en ese camino visto al principio del trabajo hacia una expansión mundial, tanto en los países extranjeros donde tanto se demanda esta fórmula, como en el propio contexto nacional donde ha funcionado tanto en la televisión.

Otra característica de la producción que podría extrapolarse al contraste entre producir para la televisión generalista y para la bajo demanda, es que este es un producto cerrado. No se trata de una producción como Velvet con una entrega semanal, que va emitiendo el tercer capítulo mientras se está acabando de montar el sexto, incluso con posibilidad de reculación en ciertos puntos de la trama en función de la respuesta del público. Todos los capítulos ya están producidos (a pesar de que, una vez más, el modelo mixto y novato aún de Netflix se haya notado en esa separación entre 8 y 8 capítulos que han hecho en la primera temporada; eso sí, la segunda la está en camino). Esto es un cambio total en la producción, ya que como relataba Blanca Suárez desde dentro del rodaje, “como actrices de televisión conocemos cómo la serie depende de la audiencia que tenga semana a semana, y ahora Netflix nos permite trabajar de otra manera”.

También en palabras de Blanca Suárez se puede encontrar un breve resumen de lo que significa esta producción: “Netflix nos ha pedido que hagamos algo que se nos da muy bien, y exportarlo a 190 países”. Producción y distribución, los 2 ejes de Netflix, son las características que han condicionado el desarrollo de la serie. Y eso es lo que hay de Netflix en Las Chicas del Cable, aparte de las características relatadas anteriormente. Una producción mixta que hay que saber analizar con amplitud de miradas para entender cómo se emprendió el proyecto y por qué el resultado final es ese que está disponible en la plataforma desde el pasado 28 de abril.

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Las Chicas del Cable, disponible ya en Netflix. Foto: Netlix
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