El subidón en calidad de Fear The Walking Dead ha sido directamente proporcional al bajón de la serie madre. Analizamos las claves de como el spin off ha superado en calidad a la historia de Rick.

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Rick y Madison, los dos protagonistas de las series. Foto: Fotogramas

Cuando en 2015 llegó a AMC el spin off de The Walking Dead, la serie principal estaba en uno de sus puntos álgidos cerrando tramas muy interesantes y comenzando otras tan fuertes como Alexandría y el malo malísimo Negan. En contraste, la subsidiaria se centraba más en los primeros días de la infección y sobre todo en el desarrollo de la misma en suelo mexicano. Con un elenco más reducido y focalizado, menos muertes y acción, Fear The Walking Dead funcionaba más como un aperitivo en mayo y verano para aguantar los intrigantes finales de The Walking Dead.

Y así era hasta ahora. Al igual que el público, las series crecen con el tiempo, en un sentido y en otro. Por un lado, The Walking Dead pasaba sus épocas de mayor madurez e intriga y, a la hora de desarrollar las tramas más esperadas en la séptima y octava temporada, caía en la lentitud y peso del (demasiado) tiempo dedicado a las mismas. Por otro lado, el spin off pasaba su época de crecimiento para lograr independizarse a partir de la tercera temporada y madurar lo suficiente como para ser un potente producto en sí. Actualmente, con la octava temporada de la primera emitida y la cuarta del spin of en emisión, es inevitable el mal sabor de boca en esta primera y la enorme sensación de impacto y sorpresa semanal en esta segunda. Ahora mismo Fear The Walking Dead ha superado con creces a la serie de la que nació, y estas son algunas de las razones.

Historia

La inquietud de ese mundo post-apocalíptico se traducía en The Walking Dead en esa constante tensión de no saber a dónde ir, qué obstáculos o enemigos habría allí y quién no saldría con vida de ese nuevo paso. Incluso los que sobreviven, nunca lo hacían igual. Sin embargo, tras más de 6 temporadas, el esquema de la historia se volvió predecible. Sabíamos que podíamos esperar una o dos muertes en cada midseason y final de temporada, y el villano del lugar acabaría siempre derrotado con la obligación de cambiar de establecimiento tras haber sido destruido. No interesan ya los nuevos pasos, porque sabes cómo van a salir del mismo y que tras x tiempo no tendrá más importancia.

Sin embargo, las dudas de las primeras temporadas de Fear The Walking Dead se tradujeron no en un esquema claro e identificativo, sino en una constante inquietud. A lo largo y final de cada temporada, no sabemos dónde estarán, cuánto durará ese lugar o las personas (no tienen miedo a destruir establecimientos y vidas en el segundo capítulo de la temporada) ni como continuarán tras ello. Esa incertidumbre que hacía dudar de la calidad de la serie es ahora su principal droga. Desde la tercera temporada, Fear The Walking Dead es una serie verdaderamente adictiva.

Narrativa

Ambas series cuentan con un ritmo lento, en cierta manera realista para el mundo en el que viven donde lo crucial son las decisiones humanas. Por ello, esta narrativa a fuego lento hay que compensarla con otros recursos. El principal que se ha utilizado en este mundo de zombies es los flashbacks. Especialmente en la serie “principal” estos han estado muy presentes en esta octava temporada. Sin embargo, a la vez que aumentan en cantidad tratan de hacerlo en calidad. Quizás demasiado. Una cosa es tener un ritmo lento y otra buscar recursos filosóficos para que flashbacks o flashforwards del primer capitulo no tengan sentido hasta el final de temporada. Si a la gente le cuesta ya seguir el ritmo lento, el contrapeso no puede ser otro recurso que exige aún más capacidad.

Por ello, tras consolidarse en la tercera temporada, el juego de flashback y flashforward es el principal sustento de la narrativa de la cuarta temporada. Y no es algo para lo que hay esperar, te dan sorpresas para un capítulo y consecuencias para el resto, como conocer el destino de un personaje en una línea temporal pero no en la otra, ir entendiendo poco a poco sus actuaciones presentes con sus actos del pasado… y todo en el justo momento. Y de la manera exacta, ya que no es algo lioso a lo que hay que seguirle la pista durante mucho tiempo. Estás deseando ver qué se avanza en cada nueva entrega, y al llevar dos tiempos a la vez pueden dosificar más la información.

Realización

Por último, al final todo entra por el ojo, y la manera de plasmar todas estas grandes ideas es un proceso clave. The Walking Dead estaba más fundamentado en la acción que en las virguerías de realización cotidianas. A pesar de que esta sigue estando muy bien llevada y tenemos grandes secuencias de batalla y estrategia, al igual que ha reducido la acción lo ha hecho consecuentemente la belleza visual siendo, como el resto de apartados de la serie, algo más rutinario.

Fear The Walking Dead no ha gozado de estas grandes dosis de acción, por lo que ha tenido que aprender a pulir mejor el resto de escenas y aventuras. Tras dos temporadas con una realización más estándar pero satisfactoria, llegó la tercera temporada donde el dinamismo, la acción, las estrategias y batallas eran mucho más comunes, y ahí se notó una vez más la madurez de la serie. Por ello, al llegar a la cuarta temporada donde (hasta el momento) las batallas no son la pieza principal, siguen empleando esos buenos recursos que han aprendido. Más aún cuando la narrativa es de saltos temporales, lo que les permite referencias entre una línea y otra, juegos de montaje, y demás puestas a punto que hacen de Fear The Walking Dead una de las series más interesantes de ver y seguir en el panorama actual.

 

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