Las redes aplauden cada miércoles el estreno de un nuevo capítulo, y, poco a poco, va conquistando a crítica y audiencia. ¿Es La otra mirada la serie feminista que Las chicas del cable no logró ser?

La comparación es tan molesta como obligada: la nueva serie de TVE, se postulaba desde las primeras promociones como la nueva baza feminista del audiovisual en España, tomando el relevo a Las chicas del cable.

En ambos casos, encontramos un grupo de mujeres en una parcela propia: en Netflix, en una centralita telefónica; y en TVE, en un colegio de señoritas. Fuera de esta burbuja, se enfrentan a un mundo de hombres que espera de ellas que sean un modelo de sumisión. Es decir, que estén anuladas como individuos.

Pero, ¿qué diferencia realmente ambas producciones? A primera vista, el presupuesto. Es cierto que Las chicas del cable es infinitamente superior en realización, fotografía, banda sonora… Cuenta con una estética más y mejor conseguida, y una construcción de los personajes mucho más fina y redonda.

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Rodaje de una escena de las alumnas de La otra mirada en el aula.

Entonces, ¿qué tiene la serie de TVE para que estén hablando de ella como la ficción feminista que la de Netflix no ha logrado ser? Todo aquello que escapa a lo técnico: el guion. Es cierto que a veces peca de poco sutil, incluso la construcción de los personajes es algo arquetípica, pero el guion de La otra mirada pone sobre la mesa temas que están a la absoluta orden del día, y que siguen siendo tabús (por esto precisamente, es tan importante que se esté emitiendo en una cadena pública).

El hecho de que esté ambientada en un entorno educativo, no hace sino reforzar  un “guion comprometido”, porque esto permite que más allá de reivindicar el voto, se explique por qué es importante opinar y decidir, y es que como a mí me dijo un día un profesor de filosofía: la libertad consiste en la condena a elegir. Se agradece que se ocupen 70 minutos de una cadena generalista para profundizar en esto, porque sí, da gusto dar con un capítulo bien construido en 50 min., y así no consumimos más tiempo del que disponemos en esta sociedad frenética, pero no es menos cierto que últimamente se dicen muchas cosas, pero se está perdiendo la oportunidad de contar algo. Sigo creyendo que el problema de la ficción española es la hora a la que comienza el primetime, y no la duración, que es una de las características que le dan entidad, pero bueno, esto es otro tema.

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El claustro de las profesoras.

Volviendo a los tabús, por ejemplo, en el momento de plantear una vivencia de la propia sexualidad libre y sin complejos, se hace poniendo sobre la mesa que el amor y el placer no siempre duermen en la misma cama. Esto es algo que durante mucho tiempo no se ha podido decir en voz alta, y que aún hoy, seguramente no puedas expresar en público sin recibir el recelo y el prejuicio de quien te rodea. Sin embargo, aquí es una opinión más a respetar que canaliza Teresa, no un dogma moralizante.

Esto es muy importante, porque la serie no te coloca en un lugar en el que decide por ti qué está bien y qué está mal, qué es inmoral y qué no, simplemente, ofrece una forma de pensar concreta encarnada en un personaje cuya mayor virtud es la libertad. Y quizás, el ser libre, es el único dogma que se pueda extraer en La otra mirada.

No os dejéis engañar por un primer capítulo en el que el esfuerzo por ponerse la etiqueta feminista produce incluso irritación en la piel. A medida que avanza, la trama se relaja, y demuestra lo que es a través de acciones que hacen avanzar la ficción, no mediante discursos panfletarios.

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Teresa dando una clase sobre la sexualidad de la mujer.

Una vez más, no sé si podría afirmar al 100% que esta es una serie feminista (porque aún está por definir el concepto), pero lo que sí hace es poner sobre la mesa todo aquello que impulsó ese movimiento y lo que hoy lo mantiene vivo. En mi opinión, eso la acerca mucho más al feminismo que Las chicas del cable, donde la etiqueta viene de mostrar los problemas de las mujeres en una época determinada donde habita un personaje feminista (Sara).

(Si queréis saber un poco más acerca de Las chicas del cable y el feminismo, hablo de ello en Una lanza a favor de Las Chicas del Cable).

Poco más me queda por deciros, que le deis una oportunidad, porque una serie que dedica 10 minutos a que unas chicas descubran el aspecto de su propia vulva en una televisión pública, en algo está arriesgando. Y como deseo personal, ojalá siga subiendo en audiencia y su público no sea, como hasta ahora, en su totalidad femenino. Os aseguro que descubriréis que esta serie, cuyas protagonistas son mujeres, está hecha a prueba de masculinidad.

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