“Atrévete a morder la manzana” es la premisa bajo la que parte el nuevo libro de Leticia Dolera, actriz, directora de cine y, desde hace tiempo, fiel activista del movimiento por la liberación y empoderamiento de la mujer. ¿Te atreves a morderla tú también?

Durante años nos han hecho creer que Eva era pecadora y mujer, en ese orden. Todo por el simple hecho de… ¿morder una manzana? Por desafiar las órdenes de un ente superior, condenando así al ser humano al pecado, a la destrucción y a salir del paraíso eterno donde todo era posible. Sin embargo… rebobinemos. Quizá esa manzana (fruto que en la Biblia no se especifica) no era signo del pecado. Quizá y solo quizá, aquel árbol simbolizaba la ciencia, la razón. Y quizá (y repito, solo quizá) ella, al morder aquel fruto, logró desprenderse de la ignorancia, de la sinrazón, del sometimiento a ese ente desconocido y con ello logró liberar al ser humano de una ceguera llamada ignorancia y que durante tanto tiempo lo había tenido viviendo entre paños y algodones. ¿Puede ser? Bueno, puede que esa historia que siempre nos han contado haya sido manipulada para hacernos creer que las mujeres son inferiores y malas por naturaleza (“Mira que eres mala”, le hubiera dicho David Civera si él hubiera sido el Adán de entonces). Y es que no a veces, sino siempre, hace falta rebobinar y verlo todo desde otra perspectiva.

Barcelona 01 03 20018 Cuaderno  Leticia Dolera actriz  Foto Ferran Nadeu

Esta vuelta atrás para analizar desde otro punto de vista lo pasado, comprender con ello el presente y motivarse para cambiar de cara al futuro es lo que propone Leticia Dolera con su libro Morder la manzana. ¿Casualidad el nombre? No lo creo. A lo largo de sus 288 páginas, la actriz y directora nos propone no una historia, no un cuento, no un relato, ni siquiera una novela… Nos propone toda una experiencia cargada de realidad y claves para entender mejor algo que lleva tiempo erigiéndose y que ahora ha vuelto a alzar su voz: el feminismo.

Varios y muy diversos son los capítulos que nos presenta (yo diría que nos regala, gracias Leticia) a lo largo de su libro donde pasa desde exponer situaciones verídicas vividas por ella y sus amigas o conocidas hasta definir conceptos que a más de uno (aka “señoro”) no parece quedarle muy claro. Todo ello se hila con reivindicación y gran objetividad para terminar creando un libro que, a día de hoy, debería leerse en todos los colegios e institutos y, por qué no, de forma voluntaria también en casa.

Morder la manzana no tiene edad, no tiene clasificación ni género. Tiene verdad, tiene realidad, y todo ello se conjuga con un estilo literario sencillo y directo, muy explicativo y significativo. Un libro que ha venido para quedarse, esperemos, en la conciencia colectiva de una sociedad que aún se encuentra en un punto medio de cambio donde no se atreve a dar el paso definitivo hacia el respeto, la libertad y la tolerancia absoluta. Un libro donde se desmonta mediante bofetadas de realidad continuas, multitud de prejuicios, estereotipos y “realidades” machistas que resultan no ser tan reales ni naturales como el sistema patriarcal que aún late ha hecho creer.

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Se propone dejar de creer que ser mujer es cometer pecados a cada paso que se da o con cada decisión que se toma. También es empezar a entender que no hay guerra de sexos, sino una aspiración a la igualdad equitativa donde cada persona pueda ser y sentirse en libertad sin ser criticada por ello. Hay que morder la manzana pero esta vez tenemos que hacerlo todas y saber que no es peligroso ni malo. Un libro que ha dado un paso más y que pretende ayudar a los demás a que también lo den. Un libro al que hay que dar las gracias y una autora a la que habría que invitar, por lo menos, a un café para agradecerle todo lo que ha explicado y que desde hace tiempo necesitábamos oír.

Simplemente un libro que desmonta lo negativo de lo patriarcal para construir un nuevo futuro alejado de mentiras y opresiones. Un libro que hace abrir ojos y destrozar jaulas mentales, en el cual se encuentra una de las grandes frases que ya se ha convertido en el grito reivindicativo de este siglo: “La revolución será feminista o no será”.

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